En el mes de octubre nace y muere un hombre que es preciso no olvidarlo, no solo porque dejó a la posteridad libros-crónicas de inestimable valor documental que retrató con inobjetable veracidad los hechos que cambiarian totalmente el siglo pasado, sino porque conocer su corta vida (murió cuando le faltaba cinco días para cumplir 33 anos de edad) es como adentrarse al espíritu de un hombre que siempre estuvo en el momento exacto de los acontecimientos históricos y sociales mas importantes de su tiempo, un aventurero (en el mejor sentido de la palabra) que supo estar al lado de los desposeídos, de los vilipendiados de siempre, de las causas justas por las que es preciso arriesgar la vida; cuya obra ha trascendido su tiempo y llega al nuestro con la misma fuerza y vitalidad conque fueron escritos hace mas de cien anos.
Hablamos de John Reed, quien nació en la ciudad de Portland un 22 de octubre de 1887. En su ADN hay energía revolucionaria; pues su padre se enfrentó a los monopolios emprendiendo una lucha encarnizada contra ellos; siendo perseguido, combatido y despedido de su empleo, sin rendirse jamas a los representantes del gran capital. Cosas del destino, su hijo estudió en la mas famosa universidad de los Estados Unidos, la Universidad de Harvard; donde su inteligencia despierta y aguda además de sus atractivos personales y sus dotes Io hicieron querido y conocido por todos en los cuatro años que estudió allí; y saben que cosa más grande hizo este muchacho en la meca de los estudios universitarios de la alta y encumbrada elite de norteamerica; pues organizar un club socialista; que al decir del periodista Albert Rhys Williams, amigo personal, ese club fue un “verdadero bofetón asestado en la cara de los sabios ignorantes”.
Al graduarse comienza a trabajar en publicaciones de izquierda; publicando reportajes claramente comprometidos con las mayorías desposeída y silenciadas de su país. Desde el comienzo de su brillante carrera periodística su trabajo descansará en tres pilares esenciales que dará como resultado convertirse en uno de los periodistas del siglo XX mas influyentes e importantes del mundo, ellos son; estar presente en el lugar adecuado en el momento oportuno, condición imprescindible para ganar la credibilidad; en segundo lugar el uso de las fuentes originales; ya sean documentos, manifiestos o comentarios y anécdotas tomadas a los protagonistas en el lugar en que ocurren los acontecimientos, y en tercer lugar y no menos importante, intencionalidad y compromiso sin que ello impida servir a la verdad; según Pascual Serrano, periodista español, “Probablemente John Reed es el paradigma del periodista comprometido”.
Pero no solo fue periodista, cuenta su amigo Albert que “los editores lo asaltaban con proposiciones, las revistas ilustradas le ofrecían sumas casi fabulosas, los grandes diarios le pedían crónicas sobre los acontecimientos mas importantes de la vida en el extranjero”
En junio de 1913 está presente en una huelga de obreros textiles en la ciudad de Paterson, con quienes compartió hasta la celda donde habían recluido a varios de ellos. Cuando regresó de allí, montó en el Madison Square Garden de New York una grandiosa representación dramática titulada “La batalla del proletariado de Paterson contra el capital” con el fin de hacer visible a la opinión pública de su país lo que silenciaban los emporios mediáticos que supuestamente defienden la libertad de información y de prensa.
En noviembre de 1913 va a Mexico como corresponsal de guerra donde cubrió el avance de las tropas revolucionarias de Pancho Villa en el norte del país. De esa experiencia saldría su libro “Mexico insurgente”, donde deja constancia de la realidad a través de los protagonistas de la revolución, las conversaciones con Pancho Villa y anécdotas y comentarios de los rebeldes y campesinos mexicanos; y ademas las letras de las canciones que recogían el pensar y estado de ánimo del pueblo mexicano. Según Walter Lippmann “la variedad de sus impresiones, los recursos y el colorido de su lenguaje parecían inagotables […] y la Revolucion de Villa, que hasta entonces aparecía en la prensa solo con un incordio, pasó a ser una multitud de campesinos que se desplazaban en un maravilloso panorama de tierra y cielo.
En Colorado los mineros de Rockefeller se negaron a trabajar y allí estuvo John en el frente de batalla junto a ellos para contar y denunciar lo sucedido; cómo los soldados disparaban contra los obreros que corrian muriendo una veintena de mujeres y niños además de quemar con gasolina las carpas donde vivian. Dirigiendose a Rockefeller, declaró: “Esas son tus minas, esos son tus bandidos mercenarios y tus soldados, Ustedes son unos asesinos”.
Al estallar la Primera Guerra Mundial John marcha al lugar de los hechos y vuelve más radical en febrero de 1915. Publica un fuerte artículo contra la guerra por lo que es llevado con otros autores ante un tribunal de New York, acusado de alta traición. John pronuncia un discurso apasionado como respuesta a una pregunta del fiscal donde describe los horrores de la guerra visto por sus propios ojos; siendo tan real su descripción cargada de emotividad, que miembros del jurado no pudieron contener las lágrimas; fueron absueltos todos los periodistas. De sus vivencias de la guerra llega su segundo libro, “La guerra en Europa oriental”.
En 1917 la situación revolucionaria en Rusia no pasa desapercibida para el joven que aun no ha cumplido sus treinta años de edad; por lo que parte hacia allí en septiembre, donde permanecería hasta febrero de 1918, viviendo de manera directa los acontecimientos más importantes del siglo XX, el comienzo de la revolución de octubre. Sobre esos días Albert escribió; “Todas las mañanas, al despertarse, comprobaba con una pena rayana en la irritación que la revolución no había comenzado todavía. Por ultimo, el Smolny dio la señal y las masas se lanzaron a la lucha revolucionaria. De la manera más natural del mundo, John Reed se lanzó con ellas. En todas partes, como dotado del don de la obicuidad, se halló presente: en la disolución del preparlamento, en el levantamiento de las barricadas, en el delirante recibimiento tributado a Lenin y a Zinoviev al salir de la clandestinidad, en la caída del Palacio de invierno […] Por donde quiera que pasaba iba recogiendo documentos. Reunió colecciones completas de Pravda e Izvestia, proclamas, bandos, folletos y carteles […] Fue formando asi, por los procedimientos mas diversos, una colección formidable de documentos”.
Al desembarcar en New York en 1918, le despojan de todos los documentos que había reunido en Rusia, logrando rescatarla después para escribir su más conocido libro, “Diez días que estremecieron al mundo”, considerado uno de los mejores reportajes periodísticos del siglo XX. En seis ocasiones intentaron robar el manuscrito en la oficina de la casa editora, ya que la clase poderosa no tenia ninguna intención de que el público norteamericano tuviera el conocimiento de este libro que le permitiría abordar desde otro punto de vista a la naciente y triunfante revolución rusa; difamada todo el tiempo por los medios de prensa del gran capital. Una fotografía de John Reed lleva esta dedicatoria: ”A mi editor, Horace Liveright, que ha estado a punto de arruinarse por lanzar este libro.”
En el último párrafo del prefacio que le hace a su libro John escribe; “En la lucha, mis simpatías no fueron neutrales. Pero, al relatar la historia de esos grandes días, he tratado de ver los acontecimientos con ojos de concienzudo periodista, interesado en hacer constar la verdad.”
Despues de publicado el libro las revistas se negaban a publicarle a John; pero no por ello fue silenciado. Su activismo político no solo se sircunscribió a la escritura, Mediante conferencias, charlas y mítines recorrió todo el país difundiendo la realidad silenciada por los poderosos. Fundó la revista The Voice of labour; órgano comunista del cual John era su director y se incorporó a la redacción de la revista The Revolutionary Age y después a la del Communist. Organizó el Partido Comunista Laboral. Por su labor revolucionaria dentro de los Estados Unidos y su poderosa fuerza que tenia e influencia que ejercia en el pueblo, fue detenido y encarcelado veinte veces, pero siempre lograba salir en libertad.
Cuando su situación legal se complica, decide viajar a Rusia para inscribir su partido en la Internacional Socialista. Al volver a su país en enero de 1920 fue denunciado por un marinero y encarcelado en Finlandia, donde se afectó grandemente su salud. Liberado en junio logro llegar a Rusia, pasando primero por Petrogrado y después a Moscú. Escribió en las páginas de La Internacional Comunista, reunió documentos para un nuevo libro, siendo enviado como delegado al Congreso de los pueblos de Oriente, en Baku; pero contrajo el tifus y murió el domingo 17 de octubre de 1920.
Cuenta Albert Rhys Williams en su pequeña biografía escrita a su amigo, que al morir John Reed “la misma prensa burguesa se vio obligada a rendir tributo al artista y al hombre, un suspiro de alivio se escapó del pecho de los burgueses: John Reed, el gran desenmascarador de sus mentiras y de su hipocresía, el hombre cuya pluma era para ellos un azote, ya no existía.”
Los restos de John Reed reposan en la Plaza Roja de Moscu, al pie de la Muralla Roja del Kremlin, en el lugar reservado a los héroes de la Revolucion de Octubre



